22 dic. 2011

“La gente está empezando a pensar. Sube el volumen del miedo”.

El miedo tiene una función única y primordial. Proteger nuestra vida. Es un mecanismo ancestral desarrollado por la evolución para preservar cualquier especie animal.
Cuando nuestro supermultiarchitatarabuelo recorría hace 2 millones de años las llanuras del Plioceno y se encontraba de frente con un tigre de dientes de sable, la respuesta biológica inmediata era tener miedo. Porque ese miedo era el reflejo que desarrolló la evolución para evitar, tanto en animales como en hombres, la desaparición de la especie. Inmediatamente, como nos sigue ocurriendo ahora, de manera automática aumentaban su presión arterial, su glucosa en sangre y su actividad cerebral, los ojos se le agrandaban para mejorar la visión, el corazón bombeaba más sangre llevando adrenalina a las células, se detenían todas las funciones no esenciales y la sangre afluía a sus
músculos mayores (especialmente a las piernas) en preparación de la huida. Y en el cerebro, inundado en temor, existía una única idea: “Huye”. (Actualizado, sería lo que nos pasa hoy cuando zappeando nos encontramos de repente en la tele con un primerísimo primer plano de Belén Esteban).
Como decía, ésta es una respuesta inmediata y automática del cuerpo, que está diseñado para reaccionar así desde hace millones de años. Y como todas las respuestas biológicas inmediatas, es incontrolable.
Nadie, en una situación de miedo, es capaz de controlar todas esas reacciones biológicas de su cuerpo. Y de su cerebro.
Y eso evidencia uno de los rasgos esenciales del miedo. Que el miedo (como señala la frase de la viñeta de El Roto que encabeza este post) bloquea el cerebro, anula la capacidad de pensar. El miedo destruye la capacidad de reflexionar de manera racional.
Lo cual nos lleva, dos millones de años después, al déficit público.
Vivimos desde hace tres años cayendo por las laderas del miedo. Desde que quebró hace tres años y medio Lehman Brothers y empezó esta crisis que parece no tener fin. Desde entonces el miedo se ha ido extendiendo como una mancha cada vez más grande que ocupa cada vez más territorio.
Como ocurría con la habitación 101 en la novela de 1984 (esa habitación donde estaba lo que uno más temía y que cambiaba para cada persona), dentro de ese Miedo general que ha creado la crisis cada uno tiene su propio miedo particular. Muchos (el 33% de los españoles) temen que van a quedarse en los próximos meses sin trabajo. Otros temen no poder pagar su hipoteca y verse fuera de su casa. Otros temen ver esfumarse sus ahorros. Otros quedarse sin jubilación y acabar malviviendo los últimos años de su vida. Otros no tener posibilidades de trabajar en años. Otros tener que emigrar porque siendo jóvenes no pueden empezar a trabajar aquí. Otros tener que cerrar su negocio. (Aunque lo parezca, juro que todo esto no está sacado de un folleto de la reciente campaña electoral del Partido Popular. Ni de uno de esos discursos que esporádicamente despacha Aznar).
En síntesis, tememos perder lo que podamos tener. Sea mucho o poco, pero lo que podamos tener. Tu trabajo si eres asalariado, tu casa si eres un hipotecado, tus ahorros si eres alguien maduro, tu futuro si eres joven, tus últimos años tranquilos si eres un jubilado.
Una de las características del miedo es que automáticamente te lleva a la acción para evitar la causa que te lo provoca. A correr si ves un árbol caerse hacia ti, a buscar un bote si estás en la cubierta de un barco que se hunde, a enarbolar un garrote si tienes delante el tigre de dientes de sable, a coger el móvil y fingir que vas hablando si yendo por la calle ves a un encuestador unos metros delante de ti.
Pero, ¿qué ocurre con el Miedo actual?
Que es un miedo a algo que no tiene forma y contra lo cual uno no puede actuar porque sabe que no está en su mano poder luchar contra él.
Al tigre de dientes de sable lo podemos golpear, o podemos huir de él corriendo, o podemos subirnos a un árbol, o podemos intentar hacerle una manoletina tipo Jesulín de Ubrique (opción menos recomendable de todas). Pero, ¿qué podemos hacer contra esa abstracción de los mercados financieros? ¿Cómo luchar contra la prima de riesgo? ¿Qué haces para combatir con la incertidumbre acerca del futuro? ¿Cómo lucha uno contra la crisis de la deuda pública?
Y eso nos lleva a lo esencial. El clima del miedo permite a grupos de interés vender como solución pública al miedo la solución particular que les conviene a ellos.
La causa de este miedo no es tangible ni tiene una forma precisa y determinada, pero hay quien está aprovechando para que la solución a ese miedo sí sea tangible y tenga una forma precisa y determinada. Y para vender como solución lo que les interesa vender. Porque cuando uno tiene miedo desaparece el factor racional y está dispuesto a aceptar cualquier cosa que le vendan como solución a ese miedo.
¿Se está creando el miedo para conseguir objetivos determinados? No exactamente. ¿Se está aprovechando el miedo para conseguirlos? Indudablemente.
Ante la crisis actual, los grupos xenófobos venden como solución la erradicación de los inmigrantes. Los grupos independentistas, la independencia de su territorio. Los bancos, la afluencia de dinero público a sus balances. Las asociaciones de empresarios, la reducción del impuesto de sociedades y la flexibilidad laboral. (Y si existiera la Asociación Pro Una Sola Comida Al Día, seguramente diría que la solución pasa por suprimir desayunos, meriendas y cenas. Lo cual, por cierto, seguro que reduciría los gastos familiares y probablemente sería la única solución eficaz de todas las anteriores).
Pero la solución más relevante de todas es la que están proponiendo (e implementando) los partidos neoliberales en el poder siguiendo el dogma neoliberal imperante (para entendernos, Artur Mas, Cospedal, lo que se le intuye a Rajoy, en La Liga. Y Sarkozy, Merkel y Cameron en la Champions League). Es decir, que se ha de reducir el déficit público por la vía de reducir el peso y papel de lo público.
Aprovechando el clima de miedo imperante, y usando la crisis como excusa (no como razón), están buscando cambiar el modelo de sociedad para diseñar una más acorde con su visión. No un Estado social, sino una sociedad privada.
Es decir, desmontar una sanidad pública de calidad e igualitaria dando papel a lo privado (vayamos a Inglaterra, cuya Sanidad quedó hecha un solar tras el paso liberalizador de Thatcher y veremos hacia dónde nos quieren llevar los liberalizadores de aquí). Y soslayar una educación pública, que actúa como factor de cohesión social y de disminución de desigualdades y creación de oportunidades, en favor de la escuela privada o privada concertada.
Obviamente, todo de pago. Con lo cual nos convertimos de ciudadanos (persona que forma parte de una sociedad y que tiene unos derechos) en clientes (personas que son compradores de determinados servicios en función de si tienen o no dinero).
Todo lo que pasa en Estados Unidos llega unos años más tarde aquí. Todo. Corrientes culturales, avances tecnológicos, movimientos musicales, tendencias sociales, la glamourosa moda de ir con los pantalones bajados enseñando los calzoncillos… Todo lo que empieza allí llega aquí 2, 5 ó 10 años después. Y ahora nos va a llegar la ola de neoliberalismo que eclosionó allí con Bush hijo.
Esa ola que aprovechó el miedo que generó el 11-S en la sociedad norteamericana para moldearla a su gusto. Como dijo Donald Rumsfeld hablando en aquella época de Estados Unidos ejerciendo de imperio: “Un imperio crea su propia realidad”.
Aquí va a empezar a construirse una nueva realidad. Una realidad amparada en el miedo.
Porque el miedo hace millones de años que anula nuestra capacidad de pensar. Y si no pensamos (y nos estamos callados), cualquier cosa la compramos mejor.
Pero esto ya nos podemos imaginar que es de las pocas cosas que saben los políticos, ¿verdad?

Fuente: Niuntitereconcabeza

1 comentario:

  1. El carácter del hombre es su destino, decian los griegos. Que el miedo nos hará mas dóciles es muy viejo y desde luego que lo van a aprovechar en nuestra contra.

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