6 mar. 2012

Tiemble después de haber reído: Crítica a la Reforma Laboral—aportando nuevas propuestas imaginativas—

Rajoy es muy flojo. Eso es lo primero que se desprende de la tímida reforma que ha sido aprobada recientemente. Y encima pretende llevarla a las Cortes para que la voten “mas de 200 diputados”, como si eso le diera más “legitimidad” ; lo dicho ¡Que flojeras! No es como don/doña Guindos de Fátima, que presumiblemente habían pensado una verdadera reforma dura y difícil, que hiciera temblar a los sindicatos y a los obreros mas vagos (que son muchos), pero que hubiera sido la justa y necesaria y la que hubieran querido los honrados banqueros patrios, los no menos honrados grandes empresarios y “Los Mercados” europeos, esos nuevos dioses aunque no del Olimpo griego, sino del Walhalla germánico o nórdico.

¡Que gran ocasión desperdiciada! En breves pinceladas a algunas de las medidas aprobadas vemos que se han quedado a medio camino de lo que es justo y necesario. Por ejemplo, en el contrato indefinido de apoyo a los emprendedores, el empleador podrá deducirse el 50 % de las prestaciones del empleado. Debería haberse elevado al 100%. Pero además, solo afecta a empresas de menos de 50 trabajadores, cuando debía extenderse a cualquier empresa sea de 50 o de cincuenta mil . A todas. Durante el primer año o de prueba, puede ser despedido sin indemnización lo que no me parece mal, aunque se queda corto: el tiempo de despido sin indemnización debería prolongarse al menos durante los tres primeros años, mejor aún , diez . Diez años en los que el honrado y benéfico empleador-empresario, puede tener a prueba al currante- empleado y así comprobar sin duda que es “bueno” y se le puede contratar de forma seria al final del período, o es “malo” y se le despide en cualquier momento y como es lógico y necesario, sin indemnización ni otras zarandajas ni contemplaciones, que solo fomentan el ocio, la molicie y la vagancia. El despido improcedente —concepto caduco lo de improcedente, que debía ser eliminado y como máximo definirse como despido indemnizado—, se penaliza con el pago de 33 días por año trabajado con un máximo de 24 mensualidades —antes 45 días y 42 mensualidades—. Otras formas de despido con 20 días por año, con máximo de 12 mensualidades, es de esperar, será el generalizado. Se queda en cualquier caso, a medio camino, pues una buena reforma sería la de una indemnización simbólica que no perjudicara la buena marcha de la empresa. Otra buena medida, pero que, como las demás, se queda a medias: eliminar el requisito de autorización administrativa previa en los EREs . La empresa podrá
decidirlo sin esperar la decisión de los burócratas gubernamentales o la intervención de los sindicales, pero sigue reconociéndose que posteriormente pueda impugnarse jurisdiccionalmente por los representantes de los trabajadores. Otra vez los sindicatos burocratizados podrán enredar y acudir a los tribunales para seguir perjudicando a las empresas, a los honrados empresarios y al Mercado, éste nuevo dios del Olimpo, que ¡ojalá!, Como aquel otro Júpiter tronante, los fulmine con su rayo justiciero.

Otra de las medidas de la que a priori podía predicarse su bondad intrínseca si no fuera por lo corta que se ha quedado, es la de dar prioridad a los convenios de empresa. Pero como se dice, queda corta por varias razones, a saber: No se eliminan los convenios de ámbito superior territorialmente e incluso de sector . Así otra vez los sempiternos sindicatos podrán seguir mangoneando e intentando que predominen estos otros “macroconvenios” que tanto perjudican a la buena marcha de la empresa y por ende, de la economía. Debería darse prioridad absoluta e incluso exclusividad a los de empresa e incluso de ámbito inferior, es decir el convenio-contrato entre personas privadas, empleador y empleado.

Solo así podrían ajustarse y armonizarse convenientemente las necesidades del empresario y el trabajador. Aunque el perfecto mecanismo para ello, fuera otra medida complementaria que el timorato Real Decreto no se ha atrevido a implementar: la necesaria derogación del salario mínimo, una antigualla sin objeto en las modernas economías. Y no se diga que esto podría ser una medida regresiva, pues, incluso en economías de planificación centralizada y socializante como en la China continental, la no fijación de salario mínimo ha contribuido al gran impulso y desarrollo de su economía, sin parangón en las de los mal llamados países desarrollados o “Primer Mundo” que, al paso que vamos, con tanto intervencionismo estatal y sindical, más pronto que tarde nos veremos arrollados por las economías emergentes del también mal llamado Tercer Mundo.

Se impone por ello, la desregulación mas amplia posible y dejar a las fuerzas económicas en completa libertad sin los corsés de los estados, los sindicatos, los convenios colectivos y tantos otros condicionamientos jurídicos y sociales de todo orden, que impiden a los empresarios y banqueros mas modernos y dinámicos desarrollar todo su potencial creador.

Sí, sí. Con todo ello, ya sabemos que los mas retrógrados y carvernícolas, políticos y sindicalistas de variado pelaje, sobre todo los autodenominados de izquierdas y progresistas, dirán que así se camina a pasos de gigante hacia la esclavitud mas abyecta. Que todo esto no es mas que una apología de un neo-esclavismo, el regreso a una antigüedad ya superada hace siglos, etc., etc. ¿Y qué? ¿Acaso no ha sido la esclavitud la institucionalización jurídica de las relaciones sociales y económicas mas perdurable y conveniente de la historia de la humanidad? Que incluso después de milenios, aún pervive, bien de forma disimulada o a las claras en algunos países árabes. Que hasta hace poco mas de siglo y medio, no fue abolidada —solo formalmente, no en realidad— en el país mas poderoso del mundo, los EE.UU, que precisamente lo es por eso mismo. Pues, siendo ello así, no deberían existir obstáculos políticos, sociales o jurídicos para volver a instaurar o restaurar una institución que, a lo largo de milenios, se ha revelado tan conveniente, justa y necesaria para la buena marcha de la economía, incluso en un mundo tan fragmentado como era el mundo antiguo. Cuanto más en el actualmente globalizado a escala planetaria.

Aboguemos, pues, por la vuelta a la esclavitud, como solución definitiva a la actual crisis económica. El empresario moderno, debe poder comprar a los “pater familia” a jóvenes menores de edad, pero con auténtica fuerza o talento tanto intelectual como laboral. ¡Cuantos Sénecas, se están malogrando ahora por no ser propiedad de un amo benefactor que los haga estudiar y desarrollarse intelectualmente! Y a la inversa: ¡cuantos tarugos van a la Universidad y compran títulos a precios desorbitados, tras muchos años de holgazanear en clases a costa de un sediciente estado de bienestar! Item más: Los mayores de edad deben poder venderse a sí mismos, como aquel profesor universitario interpretado por el gran Fernando Fernán-Gómez que, en una película cuyo título no recuerdo, se vendía a sí mismo a una familia moderna.

Creo que estas medidas, y las complementarias que hicieran falta, serían muy bien recibidas por nuestra dinámica y moderna clase empresarial y financiera. En realidad, es seguro que sueñan con ellas. Incluso los políticos que verdaderamente cuentan, como doña Angela Kasner-Merkel, o don Nicolás Maquiavelo-Sarkozy, tendrían solucionado el problema griego y el subsiguiente de los demás países PIGS. Las previsibles reticencias de algunos países nórdicos serían fácilmente vencidas, no cuentan para nada. Esto sí que sería verdaderamente revolucionario y progresista. Y la solución definitiva a la “madre de todas las crisis históricas”, como es la actual.

O así nos lo parece.

TICIO Y CAYO
(Por la transcripción, PATALETE)




Despido libre

La patronal está exultante. Ya se puede despedir a los poco preparados trabajadores de más de 45 años, que llevan toda la vida en la empresa, por el costo de 12 mensualidades —sueldo base, nada de complementos—; y sustituirlos, cuando convenga, por jóvenes de 35, mucho más preparados. Jóvenes que trabajarán a prueba durante dos años por un sueldo de miseria y que se dejarán la piel por mantener su empleo. La generación del baby-boom tomará, con sueldos de risa, el relevo de la generación hipotecada, la que está entre ellos y la de sus padres, que no deben nada.

Los parados que generará la nueva ley laboral serán todos de muy larga duración. ¿Quién dará trabajo a un cincuentón sin más preparación que una larga experiencia haciendo lo mismo, generalmente con todos los vicios adquiridos del inútil de su patrón? Su futuro es el paro de dos años y el subsidio alimenticio el resto de su vida laboral, hasta que alcance la edad de la jubilación.

El Gobierno sigue los dictados del Eje —El Eje es ahora franco-alemán— a cambio de financiación, pero está matando al país. El paro aumentará hasta los 7 millones en los próximos 18 meses y aún no habrá tocado fondo. La gente no tendrá más alternativa que la marginación y los circuitos del trabajo en negro: La pequeña delincuencia, el tráfico de drogas blandas —o duras, qué más da— y el fraude fiscal.

La verdad es que el Estado —lo mismo que sus aledaños autonómicos y locales— actúa como una empresa que explota a sus funcionarios y a sus contribuyentes. Una empresa que no quiere perder dinero, que no quiere déficit. El Estado, sin embargo, es el que debe hacerse cargo de los sectores socialmente deficitarios, como el transporte, la enseñanza, la sanidad o la obra pública. Estos bestias han vuelto contra nosotros al Estado, así que no queda otra solución que destruirlo.

Primero, hay que vencerlo en las calles. Para ello es imprescindible una Huelga General indefinida. El Pueblo debe acopiar alimentos y artículos de primera necesidad y prepararse para una larga acción colectiva que descabalgue al PP del poder. Pero nunca para rehabilitar al PSOE, partido de mediocres, de incapaces, de traidores al Pueblo, que no debe recuperar La Moncloa nunca.

Ha llegado la hora de la verdadera izquierda. La que no es que lo parece, sino que lo es. La que defiende los derechos de todos los trabajadores, los autónomos y los pequeños empresarios. ¡Todos a la Huelga General indefinida! ¡Apretémosles el cinturón también a ellos! ¡También a sus encorbatados cuellos!

Fuente. Ácratas

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