9 ene. 2012

Ministros britanicos y compañias revelan los acuerdos. Londres exige petróleo por la ayuda militar a Libia

Reino Unido, el Consejo Nacional de Transición libio y las compañías han negociado la ‘ayuda’ por petróleo. Libia ocupa el octavo puesto del mundo en reservas petroleras.

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Explosión en la ciudad de Sirte el 13 de octubre de 2011. Foto: Manu Brabo.
                             
“Favoreceremos a nuestros amigos cuando otorguemos los contratos de explotación de las reservas de petróleo de Libia”, declaró Nuri Berruien, presidente de la Compañía Nacional de Petróleo de Libia, en Doha (Qatar), el 13 de noviembre.
Se refería a la compensación que darían por la ayuda militar prestada por la comunidad internacional, liderada por Francia y Reino Unido. El 15 de noviembre, los miembros del Gobierno del Consejo Nacional de Transición libio (CNT) animaron a los inversores británicos a “aprovechar” las innumerables oportunidades que se presentaban en Libia en una reunión celebrada en un hotel del centro de Londres.
Según el responsable de la Compañía Nacional Libia, “la producción de petróleo libia actualmente es de 600.000 barriles diarios [en noviembre], retornará a los niveles anteriores al conflicto, unos 1,2millones, al final de 2012”. Libia es el país de mayores reservas del continente africano y el octavo mundial, con 46.000 millones de barriles por explotar.
Por su parte, Stephen Green, ministro de Comercio británico, lideró en
septiembre de 2011 una delegación de grandes empresas del Reino Unido en Trípoli para reunirse con ministros del CNT, entre las que se encontraban las petroleras BP y Shell y multinacionales como Arup y Mott MacDonald, con el propósito de asegurarse la participación británica en la explotación de crudo y en la reconstrucción del país. En relación a las adjudicaciones preferenciales de nuevos contratos que prometió el Consejo Nacional de Transición libio y lo que espera el Gobierno británico, el diputado conservador Daniel Kawczynski, presidente de la comisión parlamentaria británica sobre Libia, escribió recientemente que el Reino Unido debería ser el primero en beneficiarse para recuperar los millones de libras gastados en la intervención militar: “En estos tiempos de dificultad económica, no debería ser pedir demasiado, a un país de la riqueza y recursos de Libia, que pague su parte de la cuenta”.
Los recientes acercamientos entre gobiernos y empresas británicas y francesas con el CNT contrastan con la retórica inicial de la comunidad internacional, que priorizaba la intervención en Libia para la protección de civiles, según expresó David Cameron, primer ministro británico, tanto durante su visita tras la toma de Trípoli en septiembre como en la cumbre de Londres a finales de marzo del año pasado, previa a la intervención.
El Reino Unido y Francia lideraron entonces la adopción de las resoluciones 1970 y 1973 por el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, fundamentadas en la nueva doctrina de intervención humanitaria denominada Responsabilidad para Proteger. La ONU acordó la imposición de sanciones al Ejecutivo de Libia y habilitó la creación de una zona de exclusión de vuelos a través de la participación de la OTAN con el objetivo de defender al pueblo libio de Gadafi.
El coste de la intervención
Por otra parte, sobre el coste económico de la intervención en Libia, el 8 de diciembre, Philip Hammond, ministro de Defensa del Reino Unido, evaluando las consecuencias económicas de la guerra de Libia, declaró que el coste de la participación británica ascendió a 212 millones de libras. Esta cantidad, sin embargo, es cuestionada por el conocido analista británico de defensa, Francis Tusa, que calcula que la suma final podría ascender a entre 600 y 1.250 millones de libras. De cualquier manera, el monto total es mucho mayor de lo estimado por el Tesoro del Reino Unido durante el conflicto: decenas de millones, calculó la prensa entonces.
En determinados sectores de la administración británica se empieza a considerar el período postconflicto como un mecanismo para recuperar la inversión. Así lo expresó el ministro de Defensa en una entrevista concedida a la BBC el 22 de octubre: “Espero que las empresas británicas, incluso sus directores comerciales, hagan las maletas y se vayan a Libia para participar en la reconstrucción lo antes posible”.
¿Humanitarismo o negocio?
El discurso oficial del Reino Unido parece haber virado de la intervención humanitaria al interés comercial y abre el interrogante sobre el objetivo británico en el conflicto. Este propósito humanitario ha causado controversia entre los expertos, aunque muchos consideran que la intervención militar fue un éxito porque se detuvieron los ataques de Gadafi. “La alternativa [la no intervención] hubiera derivado en un mayor número de muertos”, declaró Adam Roberts, presidente de la British Academy y catedrático de Relaciones Internacionales, durante una conferencia en la London School of Economics en noviembre.
“La responsabilidad para proteger exige el compromiso de cada Gobierno de proteger a su propia población. Las órdenes de Gadafi de limpiar Libia casa por casa de rebeldes violaron este principio, lo que justificó la actuación de la comunidad internacional”, añadió el consejero de la ONU en derechos humanos, Chaloka Beyani, durante el debate en la citada conferencia.
Según Amnistía Internacional, las fuerzas de Muamar Gadafi mataron a 150 personas e hirieron a otras 1.500 entre los días 16 y 21 de febrero de 2011 en las ciudades de Bengazi y Al-Bayda. ¿Se cumplió entonces el propósito del Consejo de Seguridad de la ONU de protección de la población civil libia? La respuesta no está exenta de polémica: el Gobierno de Gadafi denunció el asesinato de 800 civiles como consecuencia de los bombardeos de la OTAN y un extenso informe de Amnistía Internacional sobre el conflicto confirma que las fuerzas de la coalición internacional han causado numerosas muertes de civiles.
Human Rights Watch ha informado también sobre decenas de civiles asesinados en Sirte por fuerzas del CNT al ser considerados gadafistas, así como de la campaña de terror aplicada por milicias del nuevo Gobierno de transición contra los habitantes de Tawergha debido a su lealtad con el antiguo régimen.

Fuente: Diagonalperiodico

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