18 oct. 2011

“La avaricia rompe el saco” (15 O), un buen artículo de nuestro amigo José Antonio Osorio Rodríguez en Opinión Digital



Madrid, 18 de octubre de 2011. José Antonio Osorio Rodríguez, redaccion opiniondigital.es, joseantonio@opiniondigital.es
Tras la jornada gloriosa del 15-O, donde se superaron incluso las expectativas de participación más optimistas, observo varias cosas: En primer lugar, que los diferentes medios de comunicación lactantes, es decir que maman del pezón público de la propaganda institucional, tienen sabrosas deudas con la Seguridad Social que no son nunca rigurosamente ejecutadas, gozan de créditos y suman deudas con entidades financieras sin temor al embargo. Han minimizado el impacto de lo que es el más grande evento social y político desde la muerte de Franco hasta la fecha. Se le ha dedicado más tiempo de emisión o páginas en muchos medios a hechos menos relevantes. Luego se quejan de Internet y de que su modelo de negocio no funciona, no venden ejemplares, etc. ¿No será que, sencilla y llanamente, están por el interés de quienes les patrocinan sobre el de sus lectores?

Quizás tengan que empezar a pensar que nadie está dispuesto a pagar por la propaganda o por artículos que se apartan del interés de los lectores y obviamente están cada vez perdiendo más y más influencia y, con ello, incluso el interés en mantenerlos de sus propios patronos. Al quejarse del otro gran canal alternativo de información que es Internet y de los medios independientes digitales, lo único que demuestran es
que su avaricia de poder e influencia les está rompiendo el saco y no parece que quieran alterar un ápice su rumbo y velocidad, aunque por la proa ya se atisban los arrecifes hacia los que navegan.
No son los medios los únicos que están fuera de la realidad, van emparejados con la clase política, los empresarios, la banca y todo lo que define a los agentes que operan el actual sistema político, junto con otras instituciones que ejercen influencia en el mismo, como por ejemplo la propia Iglesia católica. Un sistema que ha dejado de funcionar desde que se confundieron e integraron circuitos que deberían ser independientes, como eran los poderes ejecutivo, legislativo, -que no es tal al depender excesivamente de los aparatos de los partidos en virtud del sistema de listas cerradas- y judicial, que al politizarse perdió su independencia y capacidad de control real sobre los anteriores. Había un cuarto poder extraoficial que era el poder de la prensa que desapareció con la concentración de medios en una pocas manos y, a día de hoy, no son mucho más que meros órganos de propaganda de sus dueños. Esto nos lleva a una conclusión muy simple: Sin separación de poderes no existe un verdadero y auténtico Estado de Derecho y sin éste tampoco existe la democracia. De esto último ya se está dando cuenta la sociedad civil cuando, entre las pancartas del 15-M y 15-O, leemos su más ubicuo lema de “Le llaman democracia y no lo es”. Esto tiene una consecuencia muy grave que es la deslegitimación democrática de un sistema que ni siquiera se preocupa de parecerlo. En pocas palabras, es una tiranía disfrazada de unos grupos de poder sobre toda una masa de población que no solamente tiene el derecho, sino la obligación moral de rebelarse contra ella.
Vamos a ir por partes. Identifiquemos y analicemos cual es el papel de todos y cada uno de los actuales poderes fácticos que operan este tinglado: La banca y los operadores financieros son los que literalmente se han cargado el invento que, por otra parte, les ha ido funcionando muy bien, pero cuyo final se preveía lógicamente. Los bancos y cajas, en connivencia con las agencias de tasación generalmente de su propiedad o intervenidas por ellos mismos, han inflado el coste de la vivienda  al tiempo que ofrecían atrayentes ofertas para que se adquiriesen hipotecas para financiar una muy sobrevalorada vivienda y, si fuese preciso, amueblarla, equiparla y hasta comprarse un coche, todo con la cuota de una hipoteca que era relativamente asumible mientras el Euribor se mantuviese en valores mínimos. Esto les producía ingentes beneficios, además de disparar la inflación real, de los que han estado presumiendo ante sus accionistas que estaban encantados con ese retorno de su inversión. Unos directivos que se pactaban unas bonificaciones y emolumentos de absoluto escándalo. Esto era una verdadera locura, ya que cualquier analista de riesgos sabe que difícilmente los contratantes de estas hipotecas iban a hacer frente a los pagos si el Euribor subía mínimamente o entraba la economía en cifras de crecimiento cero o incluso deflación de la misma. La avaricia rompe el saco, y casi deja de ser un “dicho popular” y pasa a convertirse en una ley física e inexorable.


Lo mismo puede decirse que está pasando con la “deuda soberana” de la manita de las famosas agencias de calificación, que son sociedades intervenidas por las mismas entidades bancarias y financieras que provocaron la gran crisis que vivimos en Occidente. Provocar que los países acepten deudas del 22% de tipo de interés es una majadería, ya que antes o después van a “deflacionar” (es decir, hacer una quita o más sencillamente negarse a pagar parte de esa deuda si no quieren suicidarse y provocar un estallido revolucionario, como está empezando a suceder en Grecia). Esto amenaza con llevarse por delante toda la zona Euro con la misma unidad monetaria e incluso la propia CEE, ya que los bancos franceses y alemanes se han hartado de comprar esa deuda soberana a unos tipos de interés que son de un más que dudoso cobro.  Digo Occidente porque los chinos, con su peculiar sistema en el que las sociedades extranjeras no pueden comprar títulos ni invertir en los bancos chinos (salvo en Hong-Kong, que existe un mercado de valores mixto) no existe la crisis y esto me lleva a pensar que esa fiebre ultraliberal de desregularizar los mercados financieros ha sido el mayor error histórico de Europa y que va a pagar carísimo. Una vez más, la avaricia rompe el saco.
Pretenden ahora que seamos toda la sociedad y, principalmente, aquellos menos favorecidos los que paguemos las facturas de aquellos días de vino y rosas que disfrutaron, y que asumamos el coste de la deflación de lo que ellos, tan avara como irresponsablemente, inflaccionaron. Pretenden que el coste salga de nuestras pensiones que por alguna extraña razón han dejado de ser un derecho adquirido y por el que el trabajador ha estado pagando religiosamente, para convertirse en algo graciable que puede ser suprimido, disminuido o alterado en las condiciones para su disfrute. El de los distintos servicios y políticas sociales como educación, sanidad, etc., que pueden ser recortados a placer como si no fuesen financiadas por los impuestos que paga el ciudadano, lo mismo que paga los regalos institucionales, abultados sueldos, coches oficiales, asesores y un largo listado que no huelen el recorte ni de lejos.
Luego viene el empresariado, de la manita de la banca, que intenta pescar en río revuelto como especie depredadora y oportunista con exigencias a un gobierno, que casi era mejor no tener ninguno para el caso, intentándole colar la “necesidad” de recortar sueldos y derechos laborales con la milonga de que así podrán crear empleo. Lo peor es que, en vez de mandarlos al carajo, gobierno y sindicatos parecen claudicar. De entrada, favorecer el empleo con el despido libre o abaratarlo NO FUNCIONA. En otros lugares como EE.UU. hay despido libre y se los están merendando la crisis y el paro. Segundo: Las empresas, que operan en nuestra economía con beneficios, pretenden magnificar sus ganancias externalizando sus servicios a países extra-comunitarios, -donde las condiciones sociales y laborales son más baratas-, mandando al paro con cargo al erario a miles de ciudadanos, compitiendo con ventaja con las empresas que mantienen aquí sus servicios, dando trabajo y creando plusvalías para la sociedad. Es un defecto de legislación que necesariamente habría que corregir para conseguir recuperar el empleo, aunque eso propóngaselo usted a la CEOE y verá lo que les entra por el cuerpo.
Observamos a los líderes de la derecha política prometiendo alegremente acabar con el paro a costa de sacrificios sociales, menos para ellos por supuesto, como si eso fuese cosa de prestidigitación. Imagino que habrán probado su argumentación entre niños de parvulario porque a cualquier persona con un nivel de inteligencia normal esto no le puede parecer otra cosa que cuentos infantiles. Somos un país con escaso tejido industrial con respecto al conjunto de la economía. Entramos y accedimos a la CEE antes de tiempo y tras unas pésimas negociaciones, que nos obligaron a un brutal desmantelamiento industrial. Altos Hornos de Sagunto, con puntera tecnología en fabricación de aceros laminados, desapareció; Astano, empresa puntera tecnológicamente que botaba superpetroleros con un ratio de coste-tecnología-capacidad incuestionable, sólo puede hacer plataformas petroleras off-shore por decisión política; Bazán en Cádiz, etc. Porque simplemente no hiciesen daño a sus homólogas europeas. Todo a cambio de unos fondos estructurales y sistemas de subvenciones que, por una vía o por otra, sólo han beneficiado a las grandes fortunas terratenientes de siempre y a las clases política y empresarial corruptas. Sólo quedaron las fábricas de automóviles y aún así cada vez con recortes y mayores problemas. El sector industrial es el único que realmente puede crear puestos de trabajos primarios y se lo han cargado. La solución pasa por reindustrializar y si, es preciso, renegociar un cambio en las condiciones o la salida directa de una CEE que, a fin de cuentas, está a punto de hundirse sola.


La agricultura y ganadería son un escándalo con plantaciones que no son demandadas pero que tienen subvenciones, excedentes que han sido subvencionados y se destruyen para mantener precios, etc. Cuotas lácteas o de productos ganaderos, lo que no deja de ser una regulación contra natura en un sistema de libre competencia para favorecer a unos pocos agentes que operan ese mercado y en contra del propio sector en España. Una locura que sirve para que unos pocos se forren a costa de todos. Un mercado desregulado cuando interesa, que estrangula al productor y al consumidor final y una maraña de intermediarios que se comen todas las plusvalías, sin que aporten proporcionalmente nada al producto. Si realmente queremos que la actividad agrícola y ganadera sea motor económico, es necesaria una reforma agraria seria y en condiciones. De la pesca mejor ni hablar, que desde que esa gestión se lleva a nivel comunitario no ha levantado la cabeza el sector. Ahora propongamos esta reforma a la clase política, empresarial y financiera y os parecerá que han tocado un cable eléctrico pelado.
La construcción ha dejado de ser motor económico y además de forma estruendosa. Que nadie espere que vuelva a ocupar el lugar que tenía en el concierto de la economía nacional. Hay mucho excedente de viviendas que ni se venden ni se alquilan por falta de voluntad política de un gobierno, que le llamamos gobierno por llamarle algo. Una adecuada legislación que gravase duramente la tenencia de viviendas vacías con fines especulativos haría que decenas de miles de esas viviendas saliesen al mercado de alquiler a precios razonables y obligando a sus mayores tenedores, que son los bancos, a sustituir el desahucio por el alquiler social. Ya se sabe, si no quieres por las buenas… Que la avaricia al final rompe el saco.
El otro sector que nos queda, que es el de “servicios”, es totalmente dependiente de lo bien que le vaya a los anteriores, y estos están de capa caída. Sólo el turismo mueve algo de este sector que últimamente está ofreciendo calidad a precios “lowcost” y fórmulas con un beneficio marginal o asumiendo incluso pérdidas en espera de una recuperación del mercado que no tiene expectativas de mejorar en el corto, medio o largo plazo. Sólo la mejora de los otros sectores y que la población tenga mayor liquidez puede revitalizar el sector gracias al turismo interior, que suele ser más agradecido y supone un aporte económico menos dependiente de coyunturas externas que el internacional, muy afectado por una crisis global.
Después de meter a la trágala y dejándose practicar un “griego” por parte de la derecha alemana y francesa, esta sumisa clase política española introduce el límite del déficit público en la Constitución, Por lo tanto, es mejor empezar a olvidarse de la inversión pública como motor de la economía.


Visto este panorama me gustaría saber de qué puñetera chistera piensa sacar Mariano Rajoy 5.000.000 de puestos de trabajo que hacen falta. Si lo consiguiese le quitaría el puesto de hacedor de milagros y prodigios al mismísimo galileo, que multiplicaba panes y peces o convertía el agua en vino. En mi opinión, miente a sabiendas para pescar el voto desesperado e incauto, siendo consciente de que sin tomar durísimas medidas, no contra el pueblo llano -que es lo que pretende-, sino contra aquellos que le apoyan, aúpan y financian, es totalmente  IM-PO-SI-BLE.
Pretender que esto que se pretende, y que ya nos anticiparon sus gobiernos autonómicos para ir haciendo boca, vaya a ser aceptado mansamente por la sociedad, (que es lo que parece que se pretende al ignorar y minimizar ese mar de indignación del 15-M y 15-O) es más que un error político, una locura y ceguera sin límites, que acabará empujando a la masa indignada a convertirse en una masa airada y revolucionaria que no va a dejar ni el mínimo rastro de la anterior situación de privilegio y exigirá responsabilidades personales a los autores materiales e intelectuales del actual estado de las cosas.
No solamente es la clase política, empresarial o financiera la que está en el punto de mira de la indignación. Otras instituciones que tendrían la obligación moral de actuar oponiéndose a los anteriores no están teniendo el comportamiento que deberían tener. Hay una institución muy influyente en España que es la iglesia católica que tiene organizaciones como Cáritas o Manos Unidas, que básicamente distribuyen anualmente unos 150.000.000 € que salen de las arcas públicas y el resto, de las aportaciones de sus socios, que son las que lavan la cara de la iglesia en el aspecto social, pese que el grueso del dinero en realidad lo ponga el contribuyente. La iglesia católica en sus presupuestos de 2004 para la conferencia episcopal y sus 68 diócesis tenía un presupuesto de 943.000.000 € de los que 300.000.000 € salieron del erario público. Hay que contar los gastos de más de 100.000.000 € realizados por el Estado en el “Plan de Catedrales” y “Arquitectura Religiosa”. Más de 600.000.000 € que reciben de los conciertos de enseñanza. Añadimos las exenciones fiscales, en el pago del I.B.I., en el IVA para muchas operaciones y otras más. En pocas palabras, que nos salen por un pico los privilegios eclesiásticos a los españolitos de a pie, sean creyentes o no, practiquen o no, sean ateos, budistas, musulmanes o sintoístas y ese agarrarse a los privilegios, como los que les concede la Ley Hipotecaria, de más que dudosa constitucionalidad, nos hace verlos, -junto al boato habitual y obscenamente desplegado en momentos en que muchos ciudadanos lo están pasando mal-, como algo provocador. Algunos grupos católicos de base y curas con mayor conciencia social que la media de la institución han expresado su desacuerdo con este estado de cosas, pero en la iglesia católica parecen pesar más los privilegios, la preponderancia mediática y arrimarse al poder, que el mensaje del galileo… en fin, parece que eso de adorar al Becerro de Oro es una tendencia que no se quedó en los tiempos de Moisés, y la indignación les acabará cortando las alas y los privilegios antes o después.
Otra institución que está en el punto de mira es la monarquía, que en el caso español es una herencia del franquismo, instaurándola y eligiéndole línea dinástica. Curiosamente y por arte de prestidigitación, tras el 23-F que nos dejó a muchos la sensación de haber visto una película muy bien hecha, que no nos acabamos de creer, pero que estuvo muy bien promocionada,  y que legitimó administrativamente a la dicha monarquía en el texto constitucional. En tiempos de grave crisis, el tener una Jefatura de Estado meramente representativa y sin ninguna clase de función salvo las protocolarias, (aunque sí es un poderoso poder fáctico entre el alto mando militar), que mantiene una situación de privilegio de una familia que crece sin parar como si fuesen roedores y viven a cuerpo de rey rodeados de boato y lujo, mientras al pueblo se le exige austeridad espartana y renuncias de todo tipo, aviva la llama del Republicanismo. Nada convence al ciudadano español cuyas expectativas vitales se han reducido drásticamente a subvencionar con más de 13.000.000 € anuales, más los gastos de seguridad o sufragados indirectamente por otros ministerios como el de defensa, que hacen subir exponencialmente el gasto. Se acabaron los días de vino y rosas cuando pensábamos que éramos todos ricos y gustábamos del boato y el glamour televisados y en el papel cuché. La propia situación económica se encargará de eliminar anacronismos históricos que nacieron sustentados por un supuesto “derecho divino”, con el que ya nadie comulga e impuestos por la voluntad de un dictador que solo estaba legitimado por los fusiles tras una guerra contra su propio pueblo.


Al otro lado de la trinchera, al menos por proyecto ideológico e intereses de clase, tendrían que estar la izquierda y los sindicatos. Digo tendrían porque no están de la forma en que deberían estar. Demasiado tiempo a la sombra de ese travelo político que es el PSOE, con el que pactaba para tener presencia en las instituciones y frenar a la derecha política, que no tuvieron los reflejos suficientes cuando dicho partido derivó al neoliberalismo económico. Pesó más el rédito inmediato de  pactos de gobierno, unido a la voluntad de no querer debilitar demasiado al PSOE y favorecer a la derecha. Esto fue el mayor error de la Izquierda política que produjo esa indiferencia inicial de la indignación. Otro tanto pasó con las centrales sindicales mayoritarias, ancladas a un modelo sindical que necesita ser radicalmente reformado (de entrada, no se puede plantear una lucha social –huelga– mas allá de dos ó tres días, y eso lo saben gobierno y patronal, sin la existencia de cajas de resistencia que permitan subsistir a las familias de los trabajadores en lucha).
Julio Anguita hace un tiempo dio un comunicado en el que instaba a colaborar sin esperar contraprestación ninguna a cambio, sin más soldada que haber cumplido con el deber de luchar por los más desfavorecidos colaborando con la indignación. Ese supongo que será el camino de la izquierda porque, quiera o no, está en la misma trinchera que la indignación colectiva de Sol. El resto de la izquierda extraparlamentaria que es un conglomerado de grupos que andan medio locos para buscar avales que les permitan presentarse a las elecciones del 20-N tras la metida de tapadillo a la chita callando en la Ley Electoral exigiendo esas firmas para poder presentarse a las elecciones. Están cometiendo el error de no sumarse a un proyecto común de izquierdas y fraccionando el voto para de rebote en virtud a la norma D´Hont restarle fuerza a la izquierda y reforzar a la derecha. ¿Simples cuestiones de ego en sus dirigentes? No quiero ponerme conspiranoico pero ¿no existirán “primas de terceros” como en el fútbol? Es demasiado absurdo pensar que no se den cuenta de algo tan elemental.


En todo caso, parece que ni la clase política ni la financiera ni la empresarial o las grandes instituciones y sus medios a sueldo están por hacerle caso a este colosal movimiento de la indignación, y siguen con su imposible y absurdo plan de pretender que la población acepte lo inaceptable y que además les dé las gracias. Supongo que esta temeridad manifiesta de una gente, que se deben creer con poderes taumatúrgicos, divinizados o algo parecido, acabará provocando un cambio social y político radical que, visto sus pretensiones, sólo puede ir a mejor. Ya se sabe que el peor enemigo es aquel que menos tiene ya que perder y estos necios con ínfulas de sabio lo han olvidado. Como siempre… La avaricia rompe el saco.
José Antonio Osorio Rodríguez

Fuente: opinióndigital, cazadebunkers

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