1 sept. 2011

Todo está atado y bien atado

Fuente: Ácratas

El Glorioso Movimiento Nacional del Siglo XXI

El Gobierno sacará adelante en el Congreso, a matacaballo, con el rodillo de PP y PSOE en consenso, una reforma de la Constitución Española a petición de "los mercados". La sorprendente noticia de tal flagrante llamada al orden pre-constitucional evidencia una vez más, por desgracia, la exactitud de los juicios de Ácratas sobre la ficción democrática de la política española. En noviembre de 2008 decíamos:

“La génesis de los partidos políticos recientes en España es sospechosa de contubernio mafioso, de ocultación interesada y de estafa de lesa humanidad. Para crear los necesarios nuevos partidos democráticos virtuales, hubo que reciclar a la clase adherida a los Presupuestos del Estado franquista y, como evidenciaremos, fue de un rocambolesco modo: En primer lugar, se obvió al único partido político existente entonces, el PCE, financiado por la Unión Soviética y perseguido por Franco durante 40 años, cuyos miembros tenían órdenes de infiltrarse en todos los estamentos del Estado, especialmente en el Sindicato Vertical, lo que se exteriorizó en las activísimas Comisiones Obreras, que acabaron por acogerse a la protección de la Iglesia para evitar el exterminio.
...
La España franquista había dividido el poder entre capitalistas (banqueros y grandes familias), Iglesia (opusdeístas) y falangistas: Dinero, Dios y Patria. El capital, ante la muerte inminente del tirano que tan rentable les había resultado, programó el cambio político para que todo siguiera igual, al menos respecto a sus intereses económicos.

La UCD —centro democrático, ¡olé qué huevos!— fue creada por un ex Ministro Secretario General del Movimiento, Adolfo Suárez. Es decir: un falangista. Y junto a él militaron churras y merinas: digo, falangistas y opusdeístas. Pero eso era, en primer lugar, un gatuperio, porque se odiaban a muerte; y, en segundo lugar, algo manifiestamente insuficiente ante la opinión pública, porque evidenciaba la continuidad del Partido Único.

Como estrategia paralela, horneada en una serie de reuniones secretas, se decidió, pues, la creación de dos partidos más: AP y PSOE. El primero, formado por la derechona eclesiástica iracunda; y el segundo, por la ex-Falange. Lo primero era sencillo, y lo llevó a cabo Manuel Fraga Iribarne, ex-Ministro de Franco. Lo segundo requería de una sofisticada jugada política, para lo que se tuvo en cuenta a un grupo de jóvenes sevillanos que encabezaba un ex-falangista llamado Felipe González, becario de la Falange hasta el final de la carrera; becado para estudiar en Lovaina por el Cardenal de Sevilla; y abogado laboralista en ejercicio. Se protegió al incipiente partido, sustituto del histórico PSOE, y se dio órdenes a la Policía para que no se les molestase bajo ningún concepto.

La reconversión del agónico PSOE en el exilio resultó difícil, porque los históricos, aunque viejitos, vieron el fraude. En Suresnes, en octubre de 1974, se finiquitó el marxismo, cosa imprescindible para homologar el invento, y se consolidó el liderazgo del mayor funambulista político de la Historia de España. La CIA estuvo detrás y el dinero, a maletas llenas, vino de Alemania, de parte de un vendido a EEUU, que lideró el socialismo alemán hasta 1974, que se llamaba Willy Brandt, y cuya política de apoyo continuó bajo el mandato del siguiente canciller alemán, Helmut Schmidt.

Cuando en España se unieron la Junta Democrática y la Plataforma de Convergencia (Democracia Cristiana y PSOE), ya estaban infiltradas por el PSOE falangista, listo para dar el golpe de mano y arrebatar el liderazgo al "eurocomunista" PCE y a los demócratas de verdad, que eran poquísimos, pero intelectualmente inquebrantables. Alguno sigue vivo(1), y podrá desmentir mis asertos si no digo la verdad. No penséis que tiene nada extraño el asunto... La Falange, seguidora del nazismo alemán y del fascismo italiano, era un movimiento socialista nacionalista que, lo mismo que su peor enemigo, el socialismo internacionalista, eran la reacción al capitalismo europeo y a la democracia burguesa. Nunca anduvieron ideológicamente lejos falangistas y socialistas...

Aunque la CIA seguía insistiendo en la ilegalización permanente del PCE, como en Alemania, ello no era posible en España, porque el PC constituía la única legitimidad “democrática” real de los últimos 40 años de tiranía. La Iglesia, finalmente, avaló ambos extremos del arco partitocrático. “El PCE no será problema, razonó, porque los comunistas no han sido jamás demócratas, y se avendrán al contubernio partitocrático por la cuenta que les trae”. Y así fue: Carrillo, bajo las órdenes de la Internacional, aterrizó en España dispuesto a cualquier pacto.

Una vez conocido el origen falangista del PSOE, nada extraño tiene, pues, que su principal órgano del comunicación —y también el de la progresía socialista—, El País, fuera fundado y dirigido por el hoy académico de la Lengua, Juan Luis Cebrián, a la sazón, en 1974, jefe de los servicios informativos de RTVE con Arias Navarro. Es decir: falangista hasta la médula, hijo de falangista (Vicente Cebrián alto cargo de la Prensa del Movimiento y director del diario Arriba).

Con todo el acuerdo cerrado, España acudió a las urnas —que ya eran partitocráticas de nacimiento—, en 1977. Esas primeras Cortes se autoinvistieron como constituyentes y parieron la peor Constitución posible: aprovechando la existencia de ETA (sólo de eso), atribuyendo a Euskadi un nacionalismo sociológico inexistente entonces, ampliaron el problema a Cataluña, donde no existía más que en gente como el banquero Pujol —el imputado como desfalcador de Banca Catalana— y, ¡oh sorpresa!, lo exportaron también al resto de las regiones españolas, en lo que fue un escándalo insostenible para todos los españoles con más de tres neuronas conectadas entre sí.

Naturalmente, los extremistas no se vieron compelidos a la paz mientras se paría el contubernio, y no sólo ETA siguió matando, sino que la reacción nazi inició una razzia de asesinatos cuyo culmen fue la matanza de abogados comunistas de Atocha, en enero de 1977. Y también es consecuente el hecho de que, cuando los generales Armada y Milans del Bosch —ambos monárquicos, el primero, preceptor del Rey— dieron el Golpe de estado de 1981, lo hicieron no sólo de acuerdo con el Rey, sino también con el PSOE, que consintió en colaborar con varios ministros en el Gobierno de Concentración golpista, bajo el manto institucional de la Corona. De lo que se trataba, en realidad, era de volver al Movimiento Nacional-Sindicalista de siempre: al orden preconstitucional. Y, como colofón, se entenderá que la primera medida, a los pocos días de llegar al Gobierno el PSOE, de los ex-becados Mariano Rubio y Miguel Boyer, fuera arremeter contra Rumasa, nacionalizándola, cobrando una cuenta pendiente con el díscolo opusdeísta José María Ruíz Mateos. Lucha entre facciones franquistas, en definitiva.

En resumen: la partitocracia española fue —y es aún— una refundación del Glorioso Movimiento Nacional, una división en dos para convertir la tiranía de Franco en una dictablanda alternante entre derecha teológica y derecha nacional-sindicalista. Supongo que ahora el lector entenderá el porqué de la promulgación de la Ley de Amnistía de 1977, que exoneraba a todos los fascistas de sus crímenes. ¿Quién puede creerse, ahora, que la ley de la Memoria Histórica sea algo más que un entretenimiento para el público, si la preconiza un personaje como Zapatero, que consiguió su plaza como profesor de derecho constitucional ¡gracias a que su abuelo era el Decano del Colegio de Abogados de León, amigo íntimo de Francisco Franco y puntal del Régimen en su provincia!?

¿Entiende ahora el lector el porqué de la omertá, del silencio de los medios ante cualquier atisbo de revelación de la verdad? España tiene pendiente aún la ingente tarea de la fundación de la Democracia, que no ha conocido jamás en toda su Historia. Y habrá que hacerlo desde cero y con sangre, sudor y lágrimas. Porque lo que tenemos enfrente sigue siendo el franquismo sociológico, liderado por los cachorros de los asesinos y los dictadores de entonces.”

Y aquí está la evidencia, en este septiembre de 2011: más allá de ficciones sobre irreconciliables posturas de izquierda-derecha, de progresismo versus neoliberalismo, un par de semanas antes de la disolución de las Cortes Generales por ZP, sin duda el peor Presidente del Gobierno que haya tenido jamás la putocracia española, los dos partidos, PP y PSOE, votan en total y feliz acuerdo una reforma constitucional a petición de los acreedores de España, de la banca francesa y alemana, representados por los fantoches Merkel y Sarkozy. España está intervenida por sus acreedores desde marzo de 2010. Pero esta medida de reforma constitucional es el colmo: a partir de ahora, los Presupuestos Generales del Estado Español deberán ser aprobados por la Presidencia del Consejo Europeo antes de ser aplicados en nuestro territorio nacional. Esa pérdida de soberanía es la condición impuesta por los acreedores de nuestros manirrotos políticos --esos que nos desgobiernan desde el Estado y desde cada una de las 17 comunidades autonómicas o de los 8.116 municipìos españoles, sus mancomunidades y sus 51 diputaciones provinciales-- para seguir dándoles crédito con que financiar sus despropósitos. En febrero de 2009 explicábamos así esta refundación del Glorioso Movimiento Nacional:

“Las democracias pueden ser inorgánicas u orgánicas. En las inorgánicas cada ciudadano interviene en las decisiones públicas a través de su Diputado; en las orgánicas el ciudadano se integra en una corporación y elige al delegado que en una cámara va a defender sus intereses concretos.

En la democracia partitocrática española, degeneración del régimen franquista, las trazas de democracia orgánica se traslucen en las prácticas políticas al margen de la Constitución. La actual Monarquía de Partidos finge ser una democracia inorgánica; pero somete: los derechos individuales, al dictado de las altas finanzas, las corporaciones económicas y, cada vez menos, los sindicatos; y los derechos políticos, a los intereses de los partidos y de quienes los financian.”

Pero hay otro evidente síntoma que nos avisa de que hemos vuelto a los peores tiempos del franquismo: los dos sindicatos mayoritarios han vuelto a unirse permanentemente –observad que Toxo y Méndez siempre salen juntos en la televisión, con los logos de sus dos sindicatos en el mismo color a sus espaldas, evidenciando su procedencia del sindicato único vertical. Como aquél, son estatales. Como aquél, se muestran impotentes ante el franquismo, representado por el Movimiento Nacional, que monopoliza el Estado que los financia.

El franquismo jamás se fue. Ya lo advertimos a nuestros lectores en febrero de 2009:

“Los partidos españoles son hijos del franquismo y herederos de su “democracia orgánica”, jerárquica y disciplinada —del mismo modo, los sindicatos heredaron la verticalidad del Nacionalsindicalismo—. Los partidos practican esa seudo-democracia orgánica en su vida interna, y la proyectan en sus relaciones con los demás partidos para el reparto del poder. Por tanto, los partidos ni siquiera acatan la Constitución que les exige ser internamente democráticos.

A la ciudadanía nos está vedada la participación incluso en ese remedo de democracia, y nuestros derechos políticos se reducen a acudir a las urnas como romeros cada cuatro años. Así es como se asignan los cupos de reparto en el Parlamento, donde los diputados tampoco acatan la Constitución cuando obedecen el mandato imperativo de los líderes de sus partidos.

Orgánicamente, el Parlamento elige al Presidente del Gobierno quien, desde ese momento, detenta un mando verticalista sobre los poderes Ejecutivo y Legislativo. Elegido el Poder Judicial desde el Parlamento, la seudo-democracia "orgánica" se remacha y el Presidente ordena y manda omnímoda e impunemente. Como el antiguo dictador.

Y el pueblo español, en eterna prolongación del franquismo, sigue gracias a este artefacto sin protagonizar su propia Historia.”

"¡Qué gusto da vivir en la Feliz Gobernación!,
ser ortodoxo y estar aquí sentado,
con las Autoridades compartiendo el Banquete,
bien protegido de buenos soldados.
Rabie y sufra el Preceptivo Adversario,
pierda el envidioso toda ilusión,
nadie tenga esperanzas;
jamás habrá cambio, jamás, jamás."(2)


ÁCRATAS


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