12 jul. 2011

España en Quiebra Técnica, la deuda supera el 6%, límite de no retorno

Lo advertimos: España rozaba la suspensión de pagos hace ya 15 meses
La intervención de los acreedores de marzo de 2010 devendrá en embargo

Si el lector es un cagón que prefiere el lenguaje metafórico de la prensa del Régimen, entonces diremos que "España profundiza el empeoramiento de expectativas". Los medios desinformativos que fungen de sustitutivos de los prepucios de Botín y sus colegas --conservados como reliquias acartonadas en cámaras de seguridad suizas-- lo cuentan así para que los indocumentados españoles se indocumenten aún más, si cabe, olviden la apabullante crisis que los está engullendo y se vayan de vacaciones a gastarse los pocos euros que les quedan en la hucha. ¡Nos veremos en septiembre! Hay que ser hijos de puta. ¿Expectativas? ¿Qué expectativas?

Lo que sigue es el EMBARGO DEL PATRIMONIO NACIONAL que advertimos que sucedería. ¿Cómo hemos llegado a esto? Hablando claro: La banca se ha cargado la economía nacional española. Ya dijimos por qué burdo, malintencionado y negligente procedimiento: tomando en préstamo ingentes cantidades de dinero internacional a corto y prestándolo tanto a largo --a los pepitos enladrillados, en forma de
hipotecas a treinta años--; como a corto, --a las empresas, en forma de pólizas de crédito de tesorería--. Al estallar la crisis financiera, y el capitalismo internacional no renovarles los créditos a corto, los bancos españoles se revolvieron, cuchillo en mano, contra todos sus clientes con créditos a corto --los empresarios pequeños y medianos--, dejando a las empresas sin tesorería, sin capacidad de compra, en fulminante suspensión de pagos, en el trance de echar a la calle a todos sus trabajadores. Eso es defraudar a España, incumplir su función social como bancos. El Estado español se quedó mirando, no movió ni al BdE ni al ICO para sustituir al puto Santander, al ignominioso BBVA o a la ramera Caixa, sino que, en vez de eso, les regaló 150.000 millones de euros para que no sufrieran de estrés y se les cortara la diarrea. Ese dinero --que lo sepan los españoles, que son los que lo han puesto-- ha acabado en la burbuja especulativa de alimentos, mientras el tejido productivo español se iba a tomar por culo y las filas de parados ante las oficinas del INEM y de hambrientos ante los comedores de Cáritas anticipaban la catástrofe humanitaria que ya asoma la patita por debajo de la puerta.

Los banqueros españoles son una banda de delincuentes --gángsteres descapullados-- todos ellos, amparados por otros delincuentes de menor talla --rateros, mangantes-- a los que llamamos políticos, endeudados con los primeros y que legislan a su dictado, y se gastan los últimos ahorros de la Seguridad Social en que su particular fiesta no decaiga: 6.300 millones de euros en Deuda del Estado, que cotiza a día de hoy a nivel de bono-basura (*) --y que sólo sostendrá el Patio de Monipodio español dos putos meses más. Aquí no hay ya más salida que aplicar la Justicia Popular a la francesa. Dos siglos y cuarto tarde, ha llegado la hora de afilar las cuchillas de las guillotinas, de lastrar bien los moutones y de engrasar carriles y montantes.

ÁCRATAS

(*) The Wall Street Journal aseguraba hace seis meses que "Italia debería tener un rating BB, y otros países en apuros financieros, como Portugal, España, Grecia e Irlanda deberían tener una calificación B". Todos esos ratings están "en territorio de bonos basura o por debajo del nivel de inversión". Todo ello "refleja una creciente brecha entre lo que dice el mercado y cómo las agencias de rating están valorando a estos países".

Twitter Slashtag: #quiebra

MESS redactó al inicio de la crisis, aún no reconocida por el Gobierno de descerebrados que nos arrasa --y la repetimos hace 7 meses-- nuestra propuesta económica de choque:

España va a entrar, lo quiera o no, en una era de ascética frugalidad sin precedentes. Es, por lo tanto, urgente para la nación promover el siguiente paquete de medidas, que vamos a repetir, aunque ahora costará implementarlas el doble que hace un año (pero la mitad que dentro de seis meses):

1. Liquidar el sistema autonómico y todos los entes administrativos distintos de ayuntamientos y Estado: Diputaciones, Consejos Comarcales, empresas municipales, veguerías, concejos, mancomunidades y demás pozos sin fondo para el dispendio. Echar a la puta calle a la caterva de falsos “asesores” de toda la clase política en el poder. Que les paguen de una vez los partidos para los que trabajan.

2. Reducir tanto como sea necesario la jornada laboral y proporcionalmente el sueldo de los cientos de miles de funcionarios y burócratas excedentes, tanto autonómicos como locales y estatales.

3. Anular la abusiva cláusula que articula la ruina del hipotecado cuando le embargan la vivienda por impago. La dación debe cancelar la deuda, como en el resto del mundo civilizado. Y si a Botín y sus secuaces no les gusta, que se exilien a Madagascar, como pronto hará la familia real, la nobleza y la plutocracia española entera. Los bancos, responsables de la crisis porque ofrecieron financiaciones de hasta el 120% de los ya sobrevalorados pisos, persiguiendo a lazo a compradores de cualquier nivel de solvencia, deben comerse ahora los impagados. E ir a la quiebra todos los que no lo resistan.

4. El Banco de España debe hacerse cargo de las entidades financieras que suspendan pagos, abriendo sus oficinas como propias (BdE/Santander, por ejemplo) con los recursos del Estado, emitiendo moneda contra el valor de esas propiedades inmobiliarias embargadas a su valor real no especulativo, poniéndolas en alquiler a precios razonables. Aunque España sea expulsada por ello de la moneda única, el trance de retornar la deuda será, tras una devaluación, bastante menos ruinoso que seguir dejando pasar el tiempo a la espera de un milagro que no puede producirse.

5. La austeridad administrativa burocrática debe ser absoluta: las pensiones de los políticos no pueden rebasar en total la máxima de 24.000 euros anuales ni producirse antes de la edad reglamentaria. Nada de suplementos que no sean pensiones privadas. Los políticos han sido unos sinvergüenzas, negligentes e incompetentes. No merecen más que nuestro más absoluto desprecio.

6. El pesebrismo, la subvención y la corrupción que tanto encarecen el funcionamiento presupuestario del Estado deben ser erradicados de España. Todo el dinero que se deje de consumir por esos conceptos se aplicará en medidas de sostén social, como los bonos de alimentos para las familias desfavorecidas. ¡Es el Estado, y no Cáritas Diocesana, quien tiene la obligación de alimentar a las víctimas de la crisis que no ha sabido evitar!

7. La Democracia Formal y Garantista debe instaurarse en la nación, con un férreo control ciudadano de la casta política. La independencia de poderes debe oficializarse mediante urnas separadas, y la representatividad, mediante elecciones de diputados en circunscripciones uni-nominales. Y el Presidente habrá de ser elegido por todos los españoles (no por los diputados) a doble vuelta. Todos los partidos que no observen una rigurosa democracia en su funcionamiento interno deben ser expulsados del arco parlamentario. Ninguno será marginado por cuestiones de ideología. Pero tanto partidos como sindicatos deberán financiarse por sí mismos, con las cuotas de sus afiliados, quedando su sostén fuera de los Presupuestos Generales.

8. El sistema impositivo debe ser radicalmente progresivo. Las rentas altas han de cotizar lo que no pueden ni deben aportar las bajas. Si ello provoca fuga de hijos de puta insolidarios con sus capitales, pues adiós y que les vaya bien. Pero en otro sitio: España no los quiere ni los necesita.

9. Modificar el Código Penal para instaurar el delito de especulación. Los beneficios de las empresas deben ajustarse a un máximo racional que no engorde el problema del exceso de capitales, que todo lo corrompe. Rebasado ese máximo, el resto debe recaudarlo el Estado. Si a un empresario esto le parece intolerable, que cierre y monte su empresa en Brasil. En España no cabe el hijo-putismo que nos ha traído tantas desgracias.

10. El Estado debe acometer un ambicioso Plan de Obra Pública y Comunicaciones para que el empleo se reactive: vías férreas, autopistas, presas. No importa el costo, aunque sea astronómico: pues el Banco de España emitirá el dinero necesario con la garantía y el aval de las propias obras públicas, que son de enorme valor. De este modo, no sólo habrá trabajo y se moverá la economía toda, sino que, al final de la crisis, España habrá mejorado y dispondrá de las infraestructuras necesarias para un crecimiento posterior sostenido y firme.

Fuente: Ácratas

1 comentario:

  1. Aunque algunas medidas, la mayoría, las firmo, otras me parecen improcedentes. Si la limpieza de la administración es necesaria: adiós a la gran mayoría de cargos de libre designación y asesores externos, desaparición de Diputaciones y chorradas similares y disminución de competencias para las comunidades autónomas, en educación y sanidad, deberían gestionar personal e infraestructuras, lo demás de ámbito estatal, la ordenación del territorio debería ser estatal.. no creo que el problema sea el funcionariado, aunque sí se debería hacer una reorganización de servicios, ajustando el personal a las necesidades.
    Pero el error mayor es el de invertir en obra pública porque sí como única fuente de generación de trabajo. La obra pública sólo tiene sentido si ayuda a que la economía sea sostenible, construir autovías y AVEs al buen tuntún es un absurdo.
    Mucho más productivo es repartir el trabajo, acabar con la diosa competitividad, y enfocar la economía hacia las personas, no hacia la producción desmesurada, que esclaviza a las personas y se carga nuestro hábitat.
    Todo debe estar enfocado hacia el ser humano. Lo ideal sería seguir los postulados de las teoría del decrecimiento económico, repartiendo la riqueza entre todos los habitantes del planeta, respetando al mismo.
    Un saludo.

    ResponderEliminar