6 abr. 2011

Sólo hablo de lo que existe

Artículo de José María de la Red publicado en DRC



Me niego a hablar de Zapatero y de Rajoy, no existen más que como iconos de la fétida partidocracia. Los que de verdad existen son el PSOE y el PP; implacables gestorías electorales, que no partidos políticos, regidas por oligarquías corruptas, culpables de feroz latrocinio y de sistemática y permanente mendacidad, que tienen maniatada y amordazada a la sociedad civil.

Esos dos personajes están hoy en sus cúspides de bases pestilentes, formadas por cientos y cientos de silenciosos y aprovechados conspiradores contra la libertad y la dignidad de millones de ciudadanos, contra su futuro y su bienestar.

Desdichados ciudadanos que sólo desearíamos vivir libres y tranquilos, tener un trabajo con el que llevar el pan a casa y poder mirar a los nuestros sin tener que humillarnos por no poder responder ni a sus preguntas y ni a sus necesidades.

PSOE y PP, con sus nacionalistas, son el origen... cierto y la causa inmediata de nuestras desdichas, de nuestras frustraciones, de nuestra creciente indignación. Ellos son el régimen y redactan la constitución a cada instante.

Su prepotencia ha vivificado mi orgullo por querer ser ciudadano libre; su ya indisimulada sordera me ayuda a gritar con más fuerza, más alto y más claro, y su rastrera codicia me enseña que nada suyo es de fiar, que nada de ellos puede ser bueno para mi.

Ambos, Zapatero y Rajoy, son estampas monocromas sobre peanas que rezuman sueldos inmerecidos y prebendas ominosas. Símbolos de la mentira como fundamento del poder político, de la corrupción como buscada secuela de su ejercicio incontrolado.

Tampoco quiero decir medios de comunicación cuando sólo son instrumentos de propaganda que vivaquean entre las bambalinas de la partidocracia, para engrosan sus cuentas de resultados a cambio de ensalzar impunes corruptores y corrompidos; en contraprestación, hincan sus mugrientas garras en los presupuestos oficiales. Generosas dádivas para ocultar y mentir. Despilfarro para engañar y burlar, precio para negar con hechos y de hecho la libertad de informar y opinar. El dictado del que paga, pago del que oprime y miente antes de reprimir.

Prefiero no hablar de monarquía, pues no existe la que, aún proclamándose tal, se funda en el deshonor de la traición dinástica. Ni se puede hablar de Estado lo que llevando su nombre han convertido en patio de Monipodio oficial, en el que acecha a diario la pringosa voracidad de la partidocracia dominante, la irrefrenable avaricia de la oligarquía que la rige.

Todo ello, por muy actual y urgente que parezca, sólo es trampantojo laberíntico que engaña la vista, para que permanezcamos perdidos y del que sólo salimos si arrancamos de cuajo del lugar que ocupan en nuestras neuronas, sin miedo ni miramientos.

PSOE, PP, y la tropa adjunta, son los enemigos del pueblo; quienes nos impiden gozar plenamente de nuestros derechos políticos, nos imponen el caos económico y hacen desgraciadas a tantas personas y familias.

Son el estorbo retardatario que impide a la sociedad española desarrollarse políticamente con natural fluidez y poner con libertad comprometida los medios con los que conquistar un futuro digno y honroso.

Son la defensa a ultranza de un régimen político agotado y asfixiante que sólo a ellos beneficia y conviene. Un régimen que sobrevive con la vacua e ingenua esperanza del recambio, la alternancia de lo mismo con otras caras, que se repite. La partidocracia es el club de los nuevos perpetuos, especie de aristocracia política con derecho de pernada sobre la vida, hacienda y futuro de los ciudadanos españoles.

La partidocracia nunca nos ha tenido respeto. Sólo somos para ellos sujetos encuestables a disposición de la oficina donde manipulan los resultados. Un divertimento para sus ardides. Pero ni nos es útil, ni es confiable.

Sólo quiero hablar de la tercera República española. De la definitiva República Constitucional; la de representación directa y mayoritaria, la de separación de poderes en el origen. La de un presidente que elijamos directamente todos los ciudadanos, por mayoría, en igualdad. La de una Cámara de representantes que controle al presidente y su gobierno, que apruebe las leyes y determine responsabilidades políticas del ejecutivo. La de un Consejo de Justicia con presupuesto propio, con policía judicial propia, a la que los ciudadanos con nuestra voluntad política la independicemos del Presidente y de los representantes.

Sólo puedo hablar hoy del futuro, de cómo saldremos de la penuria económica que sufrimos todos juntos, de cómo seremos ciudadanos responsables y libres de un país respetable y digno. Sólo puedo hablar de la tercera República española, la República Constitucional. Lo demás ya no existe en mi cabeza más que como símbolo de lo que nunca debió ser.

1 comentario:

  1. Hombre el artículo iba muy bien hasta que de repente apareciste con un remedio milagroso llamado Tercera República. Como si cambiar la figura del estado fuese el remedio automático de todos los males. El problema es la gente LA PERSONA. No el sistema de gobierno. El mundo está lleno de Repúblicas igual a la que tu pregonas, y son antros de corrupción y hervideros de crisis social y economica igual que nuestra Monarquia. Reformula los dos últimos párrafos de tu escrito y propón una verdadera opción de solución y no una peorra proclama política barata.

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