- El presidente John F. Kennedy fue declarado oficialmente muerto el 22 de noviembre de 1963 a las 13 horas. A las 14 y 38 minutos, el vicepresidente Lyndon B. Johnson prestaba juramento a bordo del avión presidencial Air Force One. A su lado se encuentra Jacqueline Kennedy, quien aún lleva el conjunto de Chanel manchado con sangre de su esposo. Meses más tarde, en una entrevista concedida al historiador Arthur Schlesinger Jr, la viuda de Kennedy declara que sospecha que Johnson organizó el asesinato de su marido en contubernio con las grandes empresas petroleras de Texas.
Es mi intención abordar en este artículo cuatro hechos importantes, y sin embargo mal analizados: el asesinato de John F. Kennedy, el escándalo del Watergate, el escándalo Irangate [también conocido en Latinoamérica como Irán-Contras, nota del traductor] y el 11 de septiembre. Analizaré estos hechos o eventos –que llamaré «profundos»– como parte integrante de un proceso político aún más profundo que los vincula entre sí, de un proceso que ha favorecido la construcción de un poder represivo en Estados Unidos, en detrimento de la democracia.«Estoy conciente de la posibilidad que se instaure une verdadera tiranía en Estados Unidos. Tenemos por lo tanto que asegurarnos de que esta agencia [la National Security Agency, NSA] y todas las demás que posean estas tecnologías operen dentro de un marco legal y bajo una supervisión apropiada, para que nunca caigamos en ese abismo. Sería esa una caída sin regreso.» – Senador Frank Church (1975)
He mencionado, durante los últimos años, la existencia de una fuerza oscura detrás de


